Diez BPM separan los dos primeros cortes: 'Not Enough' en la relectura de Pete Hill respira a 118 y 'Time Goes By (P4sc4l Mix)' salta de golpe a 128, techo absoluto del disco. Ese zigzag inicial avisa de algo: esto no viene secuenciado como sesión sino como catálogo de piezas, y ordenarlas es tarea de quien las pinche.
Superado el amago, todo se asienta donde el progressive house se siente cómodo: quince de los veinte cortes viven entre 122 y 125 BPM, una meseta larga que apenas se inmuta. Ahí dentro, la energía se mide en minutos más que en tempo: 'The Rhythm' de Allan McLoud sostiene sus 125 BPM durante 8:23, y 'Pink Rabbit' de INNERPHONIC, el corte más largo con 8:31, baja a 122 para trabajar la hipnosis en vez del empuje. Son los dos momentos en que la compilación deja de ser colección y se comporta como viaje.
Las válvulas de escape marcan 120: 'Dramatic Combo', 'Lose The Game' y 'Oxy'. La última es reveladora: PCP (BE), el mismo alias que abre el disco, firma también el corte más breve (5:28) y vuelve a moverse por debajo del pelotón. Que los dos extremos lentos lleven la misma firma dibuja un rol claro dentro del programa: aperturas y respiros.
La meseta se entiende mejor con historia. Bonzai nació en 1992 en la trastienda de la tienda de discos The Blitz, en Amberes, y tras la quiebra de su matriz Lightning Records en 2003 se reinventó como Bonzai Progressive, la casa que firma aquí las veinte pistas. Manu Riga, alias del belga Adriaan Baussens, llegó al sello en 2009 con 'Tai Chi Girl' y aporta precisamente uno de esos respiros a 120 con 'Lose The Game'.
Secuenciado con criterio —los 118 de entrada, la meseta de 123-125 con los dos cortes largos como picos, los descansos a 120 y el sol menor de 'Bungalow' en manos de Hypnotised para cerrar—, el material da para una noche entera. Tal cual viene es materia prima; bien ordenado, es arquitectura.
Fuentes: Wikipedia · Bonzai Progressive