21 después de 'Confessions on a Dance Floor', Madonna vuelve a la pista por la misma puerta por la que salió: Stuart Price en los controles y un álbum pensado para escucharse de corrido, como un set. 'I Feel So Free' abre a 155 BPM en La menor —una declaración de intenciones que mira más al trance que al disco-house del original— y desde ahí el recorrido se asienta con 'Good For The Soul' y 'One Step Away' antes de la primera parada de peso: 'Bring Your Love', el single junto a Sabrina Carpenter.
El quinto corte es el corazón autobiográfico del viaje. 'Danceteria' lleva el nombre del club neoyorquino donde Madonna dio su primer concierto en diciembre de 1982, cuando todavía trabajaba ahí de mesera. Y no es un guiño suelto: el álbum es parcialmente visual, con un cortometraje construido sobre las primeras seis canciones, así que el bloque que va del arranque a 'Read My Lips' con Feid funciona como una película de origen con la protagonista de vuelta en casa. Entre el bloque visual y el segundo acto, 'Everything' hace de bisagra.
De 'Love Sensation' al cierre en familia
La segunda mitad arranca con 'Love Sensation', el otro single, a 124 BPM en Mi menor —el pulso donde Price se mueve como en casa— y se permite su pico más electrónico en 'Bizarre' junto a Martin Garrix. De ahí en adelante el título del disco se vuelve literal: 'Fragile', 'My Sins Are My Savior' con Stromae y 'Betrayal' encadenan la zona confesional, y 'The Test' sube al estudio a Lola Leon, su hija mayor. El cierre, 'L.E.S. Girl', dura apenas 2:50 —el más breve de los dieciséis— y suena a punto final deliberado, un guiño de regreso al mapa neoyorquino donde empezó todo. Publicado por Warner Records, con Martin Garrix, Cirkut y Andrew Watt también en los créditos, ya hay críticos llamándolo su mejor álbum desde el primer 'Confessions'; escuchado en orden, se entiende por qué.
Fuentes: Wikipedia · Rolling Stone · Official Charts · Vice