El salto está entre los dos primeros cortes: de los 76 BPM de 'Luna Glow' a los 146 de 'Celestial Sirens' hay setenta pulsaciones de distancia, la subida más brusca que puede permitirse un disco de seis temas. Pero la cifra engaña. En clave psybient, un 146 se escucha a medio tiempo —73, prácticamente el mismo pulso con que abre el álbum—, así que la aceleración es más de densidad que de velocidad: la misma respiración, con el doble de partículas en el aire.
A partir de ahí, 'A Sombre Serenity' es una sola rampa de descompresión. 'Secret Of The Sands' baja a 120, 'Alien Landscapes (A Song For Su)' a 110, 'Dark Matter' apenas cede dos pulsaciones (108) y 'Sunrise Solitude' cierra en 95. Cuatro escalones descendentes que ocupan dos tercios del disco: el pico energético se gasta pronto y el resto es aterrizaje controlado. La armonía acompaña el descenso: los dos cortes iniciales viven en modo mayor (do y fa), y desde 'Secret Of The Sands' todo se instala en menores —si, la, re, la otra vez—, como si el disco se oscureciera a medida que se calma.
Una hora sin prisa
Ningún tema baja de los nueve minutos —'Alien Landscapes' roza los once— y esa escala dice mucho de cómo secuenciarlo: no hay transiciones que forzar, cada corte es su propio bloque de energía y pide sonar entero. Cosmicleaf Records, el sello griego que el ateniense Nick Miamis (Side Liner) puso en marcha en 2004, presenta este trabajo como el segundo álbum del proyecto y lo describe como una «sinfonía chill out de ambient melódico profundo»; el masterizado lo firma el propio Interstellar Messenger. En un catálogo que ya supera el millar de referencias, este disco se distingue por confiar toda su arquitectura a una sola idea: subir una vez, pronto, y dedicar el resto de la hora a bajar bien.
Fuentes: Bandcamp · Cosmicleaf