“Oblique” corre a 67 bpm en Ab menor. “Ordinary”, el cierre del disco, corre a 128 en la misma tonalidad. La relación no es casual para quien arma un set: 67 por dos da 134, prácticamente el tempo de “Ordinary”, así que ambos temas -separados por tres posiciones en el tracklist- comparten tanto la armadura como una compatibilidad de doble tiempo que permite entrarle a “Oblique” a media velocidad o resolverlo hacia arriba sin tocar el pitch.
El resto del EP -ocho temas, unos 42 minutos en total, casi el largo de un warm-up- se ordena en dos bloques con esa misma lógica de tonalidad compartida. “On Hought” (128, G menor) y “Want To Be” (109, G menor) permiten bajar veinte bpm sin perder centro tonal, un puente útil para el momento en que el set pide respirar. “Moving Years” (105, Gb menor) y “Apricity” (87, Db menor) están a una quinta de distancia entre sí -la pareja más lenta del disco- y funcionan como el tramo de menor tensión, el que sostiene la pista sin urgencia. “Grasped” (92, A menor) queda más aislado armónicamente, pero su tonalidad relativa con “Virtuo” (131, D menor) lo vuelve el puente lógico entre el arranque rápido y el descenso.
Eso deja a “Virtuo”, el tema más largo del lote (6:22) y uno de los dos que tocan los 130 bpm, como abridor natural: suficiente duración para un blend largo y suficiente velocidad para marcar el tono. “Ordinary” cierra donde empezó “Oblique”, en la misma llave, ocho posiciones después: un disco pensado menos como colección de sencillos que como una progresión armónica completa, de la que un DJ puede entrar y salir en el punto que más le convenga.