El disco arranca por donde debería terminar un EP: con un retoque VIP. "All One of Us (VIP)", de Typecell, abre "Spectrum LP Vol. 4" como una puerta giratoria de 87 BPM que Subplate Recordings mantiene cerrada durante los siguientes cuatro temas. "City in the Clouds" (Art Twisted), "Trestle" (Easty (UK)), "Chameleon" (I-O) y "Timeless" (Sam Space) se turnan el mismo tempo exacto sin ceder terreno rítmico; lo que cambia es la tonalidad, que va bajando de Fa menor a Do menor, a Lab menor, a Reb menor, un descenso casi cromático que mantiene el oído alerta aunque el pulso no se mueva. Es un tramo pensado para no soltar la pista de baile: cuatro productores distintos, un mismo tempo, la sensación de un solo bloque líquido en vez de cuatro temas separados.
El remix de DarKYYComet a "Prospective" resta apenas un punto, 86 BPM, y funciona de bisagra hacia el único quiebre real del recorrido: "Nothing Left", de Red Wreath, que salta a 117 BPM y rompe seis pistas de homogeneidad. Es también la pista más corta del álbum, 3:28, como si la velocidad extra necesitara compensarse con menos duración. "Tech Symphony", de Nkz, regresa a los 87 BPM inmediatamente después, como si el salto nunca hubiera ocurrido. Después de seis pistas firmadas en solitario, ese vaivén entre 86 y 117 BPM funciona como recordatorio de que el disco, pese a su uniformidad, no teme un giro brusco a mitad de camino.
El cierre reserva la única coincidencia tonal de todo el disco: "False Intentions" (Baboon, Indukt) y "To The End" (Dee Am, Rollz Royz) comparten Re mayor, la única tonalidad mayor de las diez pistas, y son además las dos únicas pistas firmadas a dúo. "False Intentions" es también el tema más largo del proyecto, 5:44, casi dos minutos por encima del promedio del disco. Después de nueve pistas ancladas en menor y un solo desvío de tempo, "Spectrum LP Vol. 4" cierra en el único tramo de luz mayor del tracklist, una resolución que llega justo cuando el oído ya la esperaba. El disco entero pasa en poco más de cuarenta minutos, pero el trayecto —tres tempos, seis tonalidades, un solo quiebre— deja la sensación de haber recorrido más terreno del que sus diez pistas sugieren.